jueves, 5 de diciembre de 2013

Capítulo veinticinco: "I wanna sex you up".

One...

Two...

Three?...



-¿Cuánto tiempo decís que tarde _______ en saber que se queda en una casa sola contigo? –Preguntó Harry recostado en la puerta, mientras todos los demás se subían a diferentes autos.
-El tiempo que tardes en irte, y yo en caminar a la cocina… -Respondió con una sonrisa.
-Con cuidado… -Dijo Harry caminando de espaldas hasta el auto de Liam.
-No prometo nada… -Respondió el ojiazul cerrando la puerta tras de él, y quedando finalmente solo en una casa con _______.

Dejó de perder el tiempo y caminó hacia la cocina, donde se topó con una _______ fregando un plato con mucha ferocidad, considerando que si lo seguía fregando iba a desaparecer.

Louis caminó en silencio y la abrazó por la espalda. Ella sabía que estaban solos. Había escuchado la conversación. Pero no iba a irse con Liam. De ninguna manera. Prefería quedarse con Louis. Además, de todas maneras, últimamente no se estaban llevando tan mal que digamos…

El ojiazul comenzó a besar el cuello de la chica, mientras ésta no paraba de lavar los platos.

-No, Louis. No estoy de ánimo. –Dijo la chica, tratando de ignorar los actos del mismo, pero se le dificultaba horrores.
-¿Por qué? –Preguntó aún en el oído de la chica. –Besar a alguien siempre te pone de buen humor.
-Excepto que ese alguien seas vos… -Respondió ella graciosa, mientras finalmente terminaba con el plato y empezaba con otro.
-Especialmente si ese alguien soy yo. -_______ rió a causa de ese comentario.

Ella sonrió. Tal vez todo lo que necesitaba es un poco de distracción. Tal vez todo lo que necesitaba era estar con él. Giró sobre sus talones para quedar enfrentada al castaño, y en un acto fugaz subió sus manos a su cuello y comenzó a besarlo. Claro que él no se opuso.

Ya no le importaba ni Liam, ni Harry, ni el hecho de que le estaba llenando el cabello con jabón para lavar platos. Solo importaba ella y él, congeniando de la única manera viable que conocían.

Ella estaba enojada, y descargaba su ira en él; mientras que él estaba demasiado lujurioso como para pensar en sus actos. Louis acorraló a _______ contra la pared y en un acto desenfrenado le quitó la campera. Ella agradeció mentalmente, conforme la situación iba subiendo de nivel, el calor en su cuerpo aumentaba. Esta es probablemente el beso más desenfrenado que ambos se habían dado hasta el momento.

El castaño la incentivó a enrollar sus piernas alrededor de su cintura, y ella no lo desaprovechó. Una vez que la tenía bajo control, arrancó a caminar con ella en brazos hasta las escaleras, mientras sus bocas seguían en un concurso de lucha libre. La chica comprendió lo que él quería. Por un lado quería parar, pero por otro había como una fuerza que le impedía separar los labios de los de él, dejándolo de esta manera que la conduzca escaleras arriba hasta su habitación.

Una vez ahí, se bajó de él sin interrumpir el beso. Louis había controlado toda la situación hasta el momento, y ella, feminista como era, decidió ser la controladora, en vez de la controlada.

Sin siquiera pensarlo, ya estaba quitándole la remera y guiándolo hasta la cama. Lo empujó hasta dejarlo tirado en la cama.

-Wow. –Logró emitir él, mientras desde la cama la miraba con admiración. Ella sonrió y se sentó sobre el, poniendo cada pierna de un lado de su cuerpo.

No pasaron tres segundos antes de que retomaran el beso, solo que esta vez, ella era la que controlaba. Louis se apresuró a quitarle la remera a ella, quedando en ropa interior, al menos de la cadera para arriba, y luego continuar besándola.

El calor entre ellos dos cada vez aumentaba más, hasta que en un acto de estupidez, Louis subió las manos hasta su bra para desabrocharlo. No pensaba lo que estaba haciendo. Simplemente se había dejado llevar, al igual que ella. Pero en ese momento algo le hizo entrar en razón a _______. No había manera de que perdiera su “V card” con alguien como Louis. No había chance.

-Suficiente. –Dijo ella separándose de su cara y sentándose sobre él, aún con cada pierna a un costado de su cuerpo.
-¿En cerio? ¿Ahora? –Preguntó riendo él. Por un lado estaba de acuerdo con ella, pero por otro quería continuar sin importar las consecuencias…
-¿Preferías que lo pare en la escalera? –Contestó _______, dándole un toque divertido a la situación.
-No. Si valió la pena esta parte… -Ella rió y atinó a salir de arriba de él, pero la sujetó de las piernas, impidiéndole tal acto. -¿No podemos simplemente besarnos sin llegar a más lejos?
-Estoy en ropa interior. –Dijo ella a modo de respuesta, demostrándole que “solo besarse” no estaba en las posibilidades.
-¿Y? –Insistió el castaño.
-Estabas a punto de sacarme la escasa ropa que me quedaba en la parte de arriba de mi cuerpo.
-Creo en la igualdad de género. Si yo no tenía nada de la parte de arriba de mi cuerpo, me pareció justo emparejar la situación.
-Te voy a emparejar la cara. –Respondió ella sonriendo, mientras finalmente se bajaba de la cama.

_______ agarró su remera del piso y se dispuso a salir de la habitación de Louis, pero nuevamente no pudo concretar la acción.

-¿A dónde vas? –Preguntó el ojiazul sentándose en la cama.
-¿A dormir? –Contestó obvia. –Mañana hay clases.
-¿Por qué no podrías dormir conmigo? –Dijo sonriendo tiernamente.
-Por la misma razón por la que mi remera está en mi mano, y no en mi cuerpo. –Le respondió con una sonrisa burlesca.
-Detalles… -Respondió él, riendo. –Por favor… -Insistió, pero ella se mantuvo firme a su decisión de dormir en el cuarto de su hermana. –Es que cuando duermo contigo no tengo pesadillas.
-Aww. –Dijo ella, fingiendo estar enternecida, mientras se acercaba a él y le acariciaba la mejilla. –Pedile a la Señora Robinson, Christian. Anastasia se va. Paz. –Dijo graciosa mientras daba media vuelta para irse, pero él la cinchó del brazo logrando que al voltear de vuelta a donde estaba, cayera sobre él.
-Okey, citar a Christian Grey tal vez no fue mi mejor estrategia. Pero por favor, me gusta dormir contigo. –Insistió a centímetros de su cara, con una voz increíblemente ronca, que se escuchaba demasiado sexy para el gusto de la chica.
-¿Te tengo que recordar que me caés mal?
-Si, si. Y yo no te banco. ¿Y qué? –La cara que puso Louis fue épica. El gato con botas definitivamente debería de recibir clases de él, porque ni él superaba la cara del más grande de los Tomlinson.
-Okey. –Dijo ella, poniendo los ojos en blanco.

No sabía por qué había dicho que si. Porque, en sí, a toda chica le gusta dormir junto a un chico, pero por otro lado, si ese chico es Louis, las reglas no se aplican mucho que digamos. Entonces, técnicamente, no quiere, pero a la vez si quiere. Pero una de sus reglas de vida incluye que si se está entre el sí y el no, siempre elije el sí.

-Fin de la narración.-

-Narras tu.-

Caminé al cuarto de Annie, y saqué un pijama de su ropero. Una vez que me había cambiado, volví al cuarto de Louis. En ese proceso me habré preguntado unas ciento veinticinco veces por qué chota acepté dormir con Louis. Tal vez, y lo más probable, es que con todo lo que pasó hoy, no soportaría estar sola ni un segundo. Preciso estar acompañada y parcialmente distraída para no pensar tanto en toda esta mierda, incluso si ese acompañamiento y distracción es Louis. A esta altura todo sirve.

-Por casualidad no tenés un cepillo de dientes extra por ahí, ¿no? –Pregunté entrando en la habitación, para encontrarlo tirado en la cama mirando televisión, usando únicamente un pantalón de pijama.
-Usá el mío. –Respondió sin despegar la vista de la televisión.
-¡Qué asco! –Exclamé tratando de llamar su atención.
-¿Por? Yo usé el tuyo mínimo tres veces solo la semana pasada.
-¿¡Qué!? –Grité espantada. –Me repugnas. –Dije caminando al baño.
-Eso me llegaría más si no estuvieras dispuesta a lavarte los dientes con mi cepillo. –Emití una pequeña risa y me comencé a lavar los dientes.

Al terminar, até mi cabello en una cola alta, y volví al cuarto.

-¿Tenés predilección por algún lado? –Preguntó observándome aún desde la cama.
-Normalmente duermo en el medio…
-Genial, yo también. –Me interrumpió con una sonrisa pervertida.
-Iba a decir que me da igual. –Respondí caminando al lado contrario de donde él estaba.
-Tuve que haber preguntado si preferías arriba o abajo… -Con una sonrisa en la cara le tiré un almohadón en la cara y me senté. –Eso no responde a mi pregunta…
-Me estoy por arrepentir… -Le respondí mientras me acostaba lo más separada de él posible.
-Pensé que ya estabas arrepentida desde el momento en que me dijiste que sí. –Ese comentario me hizo reír genuinamente. Luego me di media vuelta y me preparé para dormir. -¿Ya te vas a dormir?
-Supongo. –Le dije aún con los ojos cerrados. No se si darle la espalda era buena idea, pero seguramente era mejor que dormir enfrentados, con su cara a centímetros de la mía.
-¿Sin hablar ni nada?
-Okey. –Dije en un suspiro. -¿De qué querés hablar?
-De qué tan bien te verías en un traje de conejita playboy. –Respondió en una voz ronca.
-Averigüémoslo en Halloween. –Respondí aún sin voltear. Él había apagado la televisión y estábamos en oscuridad completa.
-¿En cerio? –Preguntó esperanzado.
-No. –Respondí riendo.
-Darme falsas expectativas es cruel. –Hubo un momento de silencio en el que me dediqué a mirar por la ventana como las ramas de un árbol se movían al vaivén del viento. -¿Puedo hacerte una pregunta? Pero una seria. –Dijo en un suspiro. ¿Pregunta seria? ¿De qué está hablando?
-Okey. –Respondí algo asustada e impaciente por lo que quería preguntar.
-Hoy más temprano, cuando sonreíste luego de haber estado mal… -Comenzó a decir.
-¿Qué hay con eso? –Pregunté recordando el momento y entristeciéndome de vuelta.
-¿Por qué? –Preguntó finalmente.
-¿Por qué que? –Dije aún sin mirarlo.
-¿Por qué lo hacés? –Insistió. Esperé unos segundos antes de contestar, meditando mi respuesta.
-Ya me habías preguntado eso.
-Y no me habías respondido. –Nuevamente me tardé unos segundos en responder, pero esta vez porque no sabía la respuesta con exactitud.
-No lo se. Supongo que si luzco feliz por fuera, finalmente pueda sentirme feliz por dentro. –Él emitió una pequeña risa, y finalmente me volteé a verlo. Lo tenía más cerca de lo que imaginé. La poca luz que se colaba por la ventana le hacía sombra en varias partes de la cara, y hacía resaltar sus hermosos ojos celestes. -¿Qué es tan gracioso? –Pretendía sonar molesta, pero la armonía de su cara me tranquilizó enormemente.
-Lo que dijiste. No va a funcionar. –Aseguró con una sonrisa decaída.
-¿Y vos que sabés? –Presentía que había algo por lo que me lo decía.
-¿No podés solamente confiar en mí y ya? –Preguntó de la misma manera. Negué levemente, mientras seguía con mis ojos clavados en los suyos. –Experiencia propia. –Respondió finalmente. Tenía la mirada perdida y algo apagada.
-Quiero saber. –Insistí. A veces era malo ser tan curiosa, pero no puede dejarme la historia por la mitad. Un minuto entero pasó antes de que se decidiera a hablar. Probablemente se debatía internamente si contarme o no.
-¿Nunca te preguntaste que pasó con mi padre? –Habló finalmente. Asentí levemente.
-Creí que tus padres se habían divorciado. –Respondí, ahora dándome cuenta que estaba claramente errónea.
-Mi padre murió hace tres años en un accidente de auto. –Dijo, conforme una lágrima caía de sus ojos. No se nada, pero ver a un hombre llorar debe de ser peor incluso que ver a tu madre llorar. Cuando los hombres lloran sabés que es por algo genuino, que de verdad les duele algo, o están tristes, y es lo peor que te pueda pasar en la vida verlo. –Al principio no hacía más que sonreír. Mostrarle a la gente que no deberían de preocuparse por mí. Creía que si sonreía, finalmente iba a terminar superándolo. Pero finalmente entendí que no lo iba a superar, ni quería hacerlo. Esconder mis emociones respecto al tema solo incrementa el dolor. Porque no lo compartiría con nadie, y tendría que lidiar con ellas por mí mismo. Sin embargo, si hablaba sobre eso, ya iba a haber otra persona que me ayudara a lidiar con esas emociones, y no recaería todo el peso sobre mí. Creeme, hace medio año ni siquiera consideraría la opción de contarte esto. Pero siempre que le hablo a alguien sobre esto, es como si me sacara un peso de en cima. Incluso si a esa persona no le importara. Hablar sobre ello me hacía sentir mejor. –No sabía que decir, o que hacer. Pasé el siguiente minuto mirándolo fijamente, tratando de averiguar como reaccionar. –Por favor no me mires así.
-¿Así como? –Pregunté sin dejar de mirarlo.
-Con lástima.
-No te miro con lástima. –Respondí segura. –Te miro con admiración. –Él sonrió.
-Apuesto que a esta altura hubieras preferido seguir con el tema de el disfraz de conejita playboy. –Emití una pequeña risa.
-Me siento una pajera llorando porque mi hermano me dijo que desearía tener otra hermana que no fuera yo, cuando hay problemas más importantes que una boludez como esa. –Dije con una pequeña risa apagada.
-Estoy seguro de que Liam solo se dejó llevar por la rabia. –Me encogí de hombros mientras las lágrimas amenazaban con formar parte de la conversación. –Ah, no. No te me pongas a llorar, por favor.
-Eso definitivamente va a impedir que llore… -Respondí sarcásticamente, emitiendo una pequeña risa que retenía mis lágrimas. -En cerio, sos el peor consolador del mundo. –Dije riendo.
-Depende de a que te refieras con la palabra “consolador”, porque si utilizás la versión pervertida de la palabra, mi consolador es un excelente consolador. –De repente ya estaba riendo a carcajadas.
-Me das asco, te juro. –Dije a la mitad de mi risa.
-Si, pero mis obscenidades te hacen reir﷽﷽﷽﷽﷽﷽﷽﷽mis obsenidades te hacen re.
r es un excelente consolador. -De fr sacara un peso de en cima. Incluso si a esa personaír.

Me quedé observándolo. Sus ojos, que ahora gracias al momento emotivo, se veían más brillantes que lo usual, y con la luz de luna que se colaba por la ventana hacían que resalten en toda la habitación. Su pequeña nariz, su sonrisa triste, pero lo suficientemente animada como para no deprimirme a mí.

Traté de nublar mis pensamientos sobre lo lindo que era Louis, pero solo logré desviarlos hacia todo el problema con Liam. Al menos había solucionado el problema con Harry. Pero lo de él no fue tan malo. Me dice perra y puta prácticamente todos los días, y tenía sus razones. Pero con lo que me dijo Liam se pasó. Se que yo la cagué, pero decirme que odia tenerme de hermana, eso duele.

Comencé a sentir angustia en el pecho, y se me hizo un nudo en la garganta conforme recordaba las palabras que me había dicho esta mañana. Traté de no llorar, pero las lágrimas salieron sin preámbulos.

Louis me acercó a él y me abrazó, mientras yo me sentía una estúpida al no poder controlar mis lágrimas.

-Estoy seguro de que Liam no lo siente de verdad. –Simplemente me acurruqué en su pecho mientras sollozaba incontrolablemente. –Cualquiera desearía ser tu hermano. Cualquiera menos yo, claro. Porque si fuera tu hermano no podría hacer esto… -En seguida me dio un corto beso en los labios, e instantáneamente me hizo sonreír. –Mierda, verdaderamente voy a ir al infierno por esto. –Nuevamente reí.
-Al segundo círculo, si. –Respondí sin pensarlo, con los ojos cerrados, y descansando sobre su pecho.
-¿Qué? –Preguntó con un deje de diversión en su voz.
-En la Divina Comedia, Dante afirmaba que habían nueve círculos en el infierno. El segundo es el de los lujuriosos. –Respondí inconscientemente. Sabía que a él no le importaba, pero me distraía hablarle de Literatura. Es una escusa para no pensar en todo.
-Claro que sí. –Respondió acariciándome el cabello.
-Lo lamento, me distrae hablar de otra cosa.
-No hay problema.

Finalmente me quedé profundamente dormida, mientras Louis me acariciaba el cabello. ¿Cómo es posible que hayamos empezado la noche de una manera totalmente diferente a la que la terminamos?  



Unos pasos resonaron en el pasillo logrando despertarme. Parecían tacones. Una puerta se abre y se escucha alguien llamando a Anna. Era la voz de una mujer. Finalmente me doy cuenta que estoy abrazando a Louis por la cintura. Saco mi brazo y trato de moverlo para que esa sensación cosquilleante de cuando se te duerme alguna parte del cuerpo se duerme, desaparezca. Los pasos volvieron a escucharse.

-Louis, ¿dónde está tu hermana? –Se escuchó segundos antes de que alguien abriera la puerta. Rápidamente atiné a hacer lo primero que se me vino a la mente, tirarme al piso y esconderme debajo de la cama. Lo último que quiero es que la madre de Louis me encuentre durmiendo con él… -¿Louis? –Vi sus zapatos avanzar hasta la cama y despertar a Louis mediante la técnica de destaparlo. -¡Louis! –Exclamó una vez que el chico se había levantado. -¡Vas a llegar tarde a clases! ¿Dónde esta tu hermana? –Insistió, pero no recibió respuesta por parte del castaño, quien seguramente se estaba desperezando. -¿Durmió contigo?
-¿Qué? No. –Respondió en un bostezo.
-¿Y a quién buscas desesperadamente? –Respondió la señora J.
-No, a nadie. –Respondió con voz ronca.
-Llego tarde al trabajo. –Dijo caminando de vuelta a la puerta. –Levantate ahora. –Y luego desapareció cerrando la puerta a su paso.

Traté de levantarme, pero mi cerebro no funciona muy bien en las mañanas, así que terminé golpeándome la cabeza contra la madera de debajo de la cama, captando la atención de Louis, quien miró hacia abajo con una sonrisa en la cara.

-No te quiero escuchar decir una sola palabra. –Dije saliendo de debajo de la cama y sobándome la cabeza, donde me había golpeado.

Él trató de no reír, pero no lo logró. Me acosté de vuelta en la cama, y él se acostó a mi lado. Mi teléfono comenzó a sonar.

-Pasame mi celular. –Le pedí a Louis, ya que mi celular estaba en la mesa de noche de su lado de la cama. Hizo un intento de agarrarlo, pero con suerte estiró el brazo.
-No llego. –Respondió, volviendo a dormir.

Pasé sobre su cuerpo hasta llegar a mi celular y lo atendí antes de que la persona que llamaba cortara.

-¿Hola? –Respondí, tratando de volver a mi lugar, pero Louis me tenía atrapada con sus brazos, lo que me dejaba parcialmente sobre él.
-¿_______ Payne? –Preguntaron del otro lado de la línea. Me pareció algo raro que me hablaran así.
-Si, soy yo. –Respondí dudosa.
-Si, mirá, te llamo del colegio. El inspector Raynolds viene de improvisto hoy, y estamos llamando a todos los alumnos para avisarles de que tienen que usar el uniforme. –Respondió, ahora sabía, la secretaria del colegio.
-¿Hoy? –Pregunté. Aún seguía adormilada y me costaba unir las piezas dentro de mi cabeza.
-Si. Hoy. –Respondió seca, claramente queriendo que la conversación termine. –No se olvide de avisarle a su hermano. –Lo que me faltaba era recordar a Liam. Cerré los ojos con fuerza mientras aún seguía recostada en el pecho de Louis. Ya había renunciado a luchar para volver a mi posición anterior hace un rato largo.
-Claro. Yo le aviso. –Respondí en un suspiro. –Me estoy quedando en lo de Louis y Anna Tomlinson, así que les aviso a ellos también.
-Estupendo. Chau. –Se despidió. Se escuchaba estresada y apurada a la vez.
-Chau. –Respondí, pero ya había cortado el teléfono.

Me escudé en el pecho de Louis y me desahogué con un pequeño grito, dejando la frustración salir.

-¿Todo en órden? –Preguntó al notar mi mal humor.
-Es día del uniforme, y no tengo el uniforme, y tu mano está descaradamente sobre mi culo. Así que no, no está bien. –Exclamé frustrada. Él inmediatamente retiró ambas manos y me dejó volver a mi lado de la cama, en el cual no permanecí ni tres segundos.
-¿Día del uniforme? ¿Qué? –Preguntó mientras se sentaba en la cama y se desperezaba.
-Una vez al año, o como máximo dos, viene el Inspector al colegio. Y se supone que deberíamos usar uniforme todos los días, pero hace como cinco años que se viene haciendo esto, a petición de los alumnos, que dicta que solamente usamos uniforme cuando visita el Inspector, y fingimos que somos gente educada y formal, así se cree que en verdad lo usamos todos los días, como en verdad deberíamos. –Hablé rápido, calculando mentalmente cuánto tiempo me queda para conseguir un uniforme y prepararme para el colegio. Pero considerando que hoy entro a tercera, me tranquilicé.
-¿Y el pibe no pasa por en frente al colegio y se da cuenta que nadie usa uniforme? –Preguntó fregando sus ojos.
-Vive en Escocia. –Respondí mientras buscaba a Alison entre mis contactos. –Así que no, no pasa por en frente al colegio y los ve a todos sin uniforme. –Llamé a Alison mientras caminaba de un lado a otro de la habitación.

El día del uniforme es más estresante de lo que se imaginan. Se necesita un compromiso de todos los alumnos del colegio, y hay que estar impecablemente pulcros. El mínimo detalle sale mal, y el viejo se da cuenta de la farsa, y vamos a tener que verdaderamente usar el uniforme todos los días. Y nadie quiere eso. Entonces una vez al año la gente se comporta educadamente para causar al Inspector una buena impresión.

Alison respondió prácticamente antes de que empezara a sonar.

-Es día del uniforme. –Habló casi al instante. -¿Qué vamos a hacer?
-Okey, calmate. ¿Annie no tiene un uniforme? –Escuché como le preguntaba a Anna si tenía uniforme, y ésta le respondía que sí.
-Dice que está en su ropero. Pero da igual, no hay tiempo de ir a buscarlo. –Exclamó notablemente estresada.
-Que Annie use mi uniforme, y yo uso el de ella. Problema resuelto. –Respondí, finalmente dejando de caminar en círculos, como si el continuo movimiento me ayudara en algo.
-Yo pude haber pensado en eso. –Respondió algo consternada.
-Pero no lo hiciste. Vayan a arreglarse, nos vemos en el colegio. –Y corté.

-Anna tiene un uniforme, así que vos debes de tener uno tambien. asa arreglarse, nos vemos en el colegio. -Y Respondmente para causar al Inspector una buena impresiranqés de tener uno también. –Afirmé mirando a Louis, quien seguía sentado en la cama mirándome fijamente.
-Si, supongo. Creo que compramos uno, pero pensé que nunca lo íbamos a usar.
-¡Andá a prepararte! –Le grité antes de salir de la habitación rumbo a la de Annie.

Comencé alisando mi pelo, y luego tardé otros ocho minutos buscando el bendito uniforme de Anna, que estaba en el lugar más recóndito de su ropero de mierda. Me puse la pollera, que era a cuadros rojos y negros muy pequeños, casi invisibles, y tableada. Era como un microscópico estampado escocés, solo que en otros colores. Al Inspector nunca le importó el largo de la falda, mientras tapara lo necesario, así que la llevaba moderadamente corta. Y a continuación me puse la camisa, simple y blanca. Antes de abrochármela, decidí ir a ver como iba Louis con el tema del uniforme. De seguro se quedó echado mirando televisión.

-¿Cómo vas? –Pregunté al entrar en su cuarto, sin reparar que aún no abrochaba mi camisa.
-Ahora mucho mejor. –Respondió con una sonrisa impregnada en la cara, mientras me analizaba el cuerpo entero.

Él estaba desastroso. Los pantalones color beige con corte jean se le caían, dejando ver su ropa interior, la camisa mal abotonada, y por fuera del pantalón, y el pelo hecho un asco.

Desabroché su camisa blanca, como la mía, y la volví a abrochar correctamente, hasta el n. ﷽﷽﷽﷽﷽﷽﷽ una buena impresiranq el iqueta para confirmar que era completamente nuevo.tableadaal Inspector una buena impresiranqúltimo botón.

-¿Me querés ahorcar o qué? –Preguntó, quejándose de que haya abotonado hasta arriba su camisa.
-Debo confesar que la idea se cruzó por mi mente un par de veces. –Respondí con el semblante serio. -Cinturón. –Exigí parándome frente a él, con la mirada fija.
-No uso cinturón. –Respondió con las manos en los bolsillos, haciendo una mueca con la cara.
-No te pregunté, te lo exigí. –Caminó arrastrando los pies hasta un cajón, y tras abrirlo sacó un cinturón marrón de cuero, prácticamente sin uso. Le faltaba la etiqueta para confirmar que era completamente nuevo.

Desabroché su pantalón y pasé el cinturón por las hendiduras del mismo, para luego meter su camisa dentro del pantalón, y finalmente abrocharlo.

-Parezco un estúpido. –Dijo mirándose al espejo.
-Aw, no, cariño. Sos un estúpido. –Sonreí mientras sacaba de la bolsa, donde calculo antes estaba el uniforme, la corbata color rojo oscuro. Odio esa cosa. Las mujeres también tienen que usarla. Es asquerosamente repulsiva.
-Ni en pedo uso corbata. –Dijo cruzándose de brazos, y negando reiteradas veces con la cabeza.
-O te la bancás todo un día, o nos sentenciás a todos a usarla durante el resto de nuestra existencia. –Hablé pasando la corbata por su cuello y acercándolo a mí.
-Te ves sexy obligándome a hacer cosas. –Dijo con una sonrisa mientras me agarraba de la cintura. –Es eso, o que puedo ver tu bra. –Emití una pequeña risa mientras pasaba la corbata correctamente por debajo del cuello de la camisa, y la ataba. Siempre fui buena haciendo el nudo de corbatas. Siempre se lo hago a mi padre, y a Liam… -¿Tiene que estar tan ajustada? ¿No puede estar un poco más suelta?
-¿Tenés que ser tan insoportable? ¿No podés dejar de protestar por todo? –Contesté en el mismo tono de voz.

Cuando finalmente terminé con su corbata, me escabullí de entre sus brazos y volví a la habitación de Anna para terminar de arreglarme yo. Me abotoné la camisa hasta arriba, y me puse la corbata, tal como había hecho con Louis. Me puse las medias largas rojo oscuro, el mismo de la corbata y la falda, un poco más debajo de las rodillas, y unos zapatos Oxford color negro.


Una vez lista, me puse una vincha (diadema, o como sea que le digan en su país) en la cabeza color negro, que encontré tirada en el fondo del buró de Anna. Hacía un gran contraste con mi pelo castaño claro. Quedaba linda.


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Chiquilinas, no saben el bloqueo mental que tenía. Tipo no me salía escribir. Y es estúpido, porque entre ayer y hoy me escribí todo el capítulo. Suerte que me desbloqueé. Discúlpenme, me dio un bloqueo pos final de clases, o algo así. Pero ahora ta está todo bien. Se que no está tan bueno el capítulo, acabo de salir de un bloqueo, era medio obvio, pero bueno. En fin, les diría "ojalá que les guste", pero es una chota. Creo que sigo algo bloqueada. Así que solo voy a decir "Ojalá que no me quieran matar" :) 

Las amo a todas, sépanlo.

Juuu :)