-¿Cuánto
tiempo decís que tarde _______ en saber que se queda en una casa sola contigo?
–Preguntó Harry recostado en la puerta, mientras todos los demás se subían a
diferentes autos.
-El
tiempo que tardes en irte, y yo en caminar a la cocina… -Respondió con una
sonrisa.
-Con
cuidado… -Dijo Harry caminando de espaldas hasta el auto de Liam.
-No
prometo nada… -Respondió el ojiazul cerrando la puerta tras de él, y quedando
finalmente solo en una casa con _______.
Dejó
de perder el tiempo y caminó hacia la cocina, donde se topó con una _______
fregando un plato con mucha ferocidad, considerando que si lo seguía fregando
iba a desaparecer.
Louis
caminó en silencio y la abrazó por la espalda. Ella sabía que estaban solos.
Había escuchado la conversación. Pero no iba a irse con Liam. De ninguna
manera. Prefería quedarse con Louis. Además, de todas maneras, últimamente no
se estaban llevando tan mal que digamos…
El
ojiazul comenzó a besar el cuello de la chica, mientras ésta no paraba de lavar
los platos.
-No,
Louis. No estoy de ánimo. –Dijo la chica, tratando de ignorar los actos del
mismo, pero se le dificultaba horrores.
-¿Por
qué? –Preguntó aún en el oído de la chica. –Besar a alguien siempre te pone de
buen humor.
-Excepto
que ese alguien seas vos… -Respondió ella graciosa, mientras finalmente
terminaba con el plato y empezaba con otro.
-Especialmente
si ese alguien soy yo. -_______ rió a causa de ese comentario.
Ella
sonrió. Tal vez todo lo que necesitaba es un poco de distracción. Tal vez todo
lo que necesitaba era estar con él. Giró sobre sus talones para quedar
enfrentada al castaño, y en un acto fugaz subió sus manos a su cuello y comenzó
a besarlo. Claro que él no se opuso.
Ya
no le importaba ni Liam, ni Harry, ni el hecho de que le estaba llenando el
cabello con jabón para lavar platos. Solo importaba ella y él, congeniando de la
única manera viable que conocían.
Ella
estaba enojada, y descargaba su ira en él; mientras que él estaba demasiado
lujurioso como para pensar en sus actos. Louis acorraló a _______ contra la
pared y en un acto desenfrenado le quitó la campera. Ella agradeció
mentalmente, conforme la situación iba subiendo de nivel, el calor en su cuerpo
aumentaba. Esta es probablemente el beso más desenfrenado que ambos se habían
dado hasta el momento.
El
castaño la incentivó a enrollar sus piernas alrededor de su cintura, y ella no
lo desaprovechó. Una vez que la tenía bajo control, arrancó a caminar con ella
en brazos hasta las escaleras, mientras sus bocas seguían en un concurso de
lucha libre. La chica comprendió lo que él quería. Por un lado quería parar,
pero por otro había como una fuerza que le impedía separar los labios de los de
él, dejándolo de esta manera que la conduzca escaleras arriba hasta su
habitación.
Una
vez ahí, se bajó de él sin interrumpir el beso. Louis había controlado toda la
situación hasta el momento, y ella, feminista como era, decidió ser la
controladora, en vez de la controlada.
Sin
siquiera pensarlo, ya estaba quitándole la remera y guiándolo hasta la cama. Lo
empujó hasta dejarlo tirado en la cama.
-Wow.
–Logró emitir él, mientras desde la cama la miraba con admiración. Ella sonrió
y se sentó sobre el, poniendo cada pierna de un lado de su cuerpo.
No
pasaron tres segundos antes de que retomaran el beso, solo que esta vez, ella
era la que controlaba. Louis se apresuró a quitarle la remera a ella, quedando
en ropa interior, al menos de la cadera para arriba, y luego continuar besándola.
El
calor entre ellos dos cada vez aumentaba más, hasta que en un acto de
estupidez, Louis subió las manos hasta su bra para desabrocharlo. No pensaba lo
que estaba haciendo. Simplemente se había dejado llevar, al igual que ella.
Pero en ese momento algo le hizo entrar en razón a _______. No había manera de
que perdiera su “V card” con alguien
como Louis. No había chance.
-Suficiente.
–Dijo ella separándose de su cara y sentándose sobre él, aún con cada pierna a
un costado de su cuerpo.
-¿En
cerio? ¿Ahora? –Preguntó riendo él. Por un lado estaba de acuerdo con ella,
pero por otro quería continuar sin importar las consecuencias…
-¿Preferías
que lo pare en la escalera? –Contestó _______, dándole un toque divertido a la
situación.
-No.
Si valió la pena esta parte… -Ella rió y atinó a salir de arriba de él, pero la
sujetó de las piernas, impidiéndole tal acto. -¿No podemos simplemente besarnos
sin llegar a más lejos?
-Estoy
en ropa interior. –Dijo ella a modo de respuesta, demostrándole que “solo
besarse” no estaba en las posibilidades.
-¿Y?
–Insistió el castaño.
-Estabas
a punto de sacarme la escasa ropa que me quedaba en la parte de arriba de mi
cuerpo.
-Creo
en la igualdad de género. Si yo no tenía nada de la parte de arriba de mi
cuerpo, me pareció justo emparejar la situación.
-Te
voy a emparejar la cara. –Respondió ella sonriendo, mientras finalmente se
bajaba de la cama.
_______
agarró su remera del piso y se dispuso a salir de la habitación de Louis, pero
nuevamente no pudo concretar la acción.
-¿A
dónde vas? –Preguntó el ojiazul sentándose en la cama.
-¿A
dormir? –Contestó obvia. –Mañana hay clases.
-¿Por
qué no podrías dormir conmigo? –Dijo sonriendo tiernamente.
-Por
la misma razón por la que mi remera está en mi mano, y no en mi cuerpo. –Le
respondió con una sonrisa burlesca.
-Detalles…
-Respondió él, riendo. –Por favor… -Insistió, pero ella se mantuvo firme a su
decisión de dormir en el cuarto de su hermana. –Es que cuando duermo contigo no
tengo pesadillas.
-Aww.
–Dijo ella, fingiendo estar enternecida, mientras se acercaba a él y le
acariciaba la mejilla. –Pedile a la Señora Robinson, Christian. Anastasia se
va. Paz. –Dijo graciosa mientras daba media vuelta para irse, pero él la cinchó
del brazo logrando que al voltear de vuelta a donde estaba, cayera sobre él.
-Okey,
citar a Christian Grey tal vez no fue mi mejor estrategia. Pero por favor, me
gusta dormir contigo. –Insistió a centímetros de su cara, con una voz
increíblemente ronca, que se escuchaba demasiado sexy para el gusto de la
chica.
-¿Te
tengo que recordar que me caés mal?
-Si,
si. Y yo no te banco. ¿Y qué? –La cara que puso Louis fue épica. El gato con
botas definitivamente debería de recibir clases de él, porque ni él superaba la
cara del más grande de los Tomlinson.
-Okey.
–Dijo ella, poniendo los ojos en blanco.
No
sabía por qué había dicho que si. Porque, en sí, a toda chica le gusta dormir
junto a un chico, pero por otro lado, si ese chico es Louis, las reglas no se
aplican mucho que digamos. Entonces, técnicamente, no quiere, pero a la vez si
quiere. Pero una de sus reglas de vida incluye que si se está entre el sí y el
no, siempre elije el sí.
-Fin
de la narración.-
-Narras
tu.-
Caminé
al cuarto de Annie, y saqué un pijama de su ropero. Una vez que me había
cambiado, volví al cuarto de Louis. En ese proceso me habré preguntado unas
ciento veinticinco veces por qué chota acepté dormir con Louis. Tal vez, y lo
más probable, es que con todo lo que pasó hoy, no soportaría estar sola ni un
segundo. Preciso estar acompañada y parcialmente distraída para no pensar tanto
en toda esta mierda, incluso si ese acompañamiento y distracción es Louis. A
esta altura todo sirve.
-Por
casualidad no tenés un cepillo de dientes extra por ahí, ¿no? –Pregunté
entrando en la habitación, para encontrarlo tirado en la cama mirando televisión,
usando únicamente un pantalón de pijama.
-Usá
el mío. –Respondió sin despegar la vista de la televisión.
-¡Qué
asco! –Exclamé tratando de llamar su atención.
-¿Por?
Yo usé el tuyo mínimo tres veces solo la semana pasada.
-¿¡Qué!?
–Grité espantada. –Me repugnas. –Dije caminando al baño.
-Eso
me llegaría más si no estuvieras dispuesta a lavarte los dientes con mi cepillo.
–Emití una pequeña risa y me comencé a lavar los dientes.
Al
terminar, até mi cabello en una cola alta, y volví al cuarto.
-¿Tenés
predilección por algún lado? –Preguntó observándome aún desde la cama.
-Normalmente
duermo en el medio…
-Genial,
yo también. –Me interrumpió con una sonrisa pervertida.
-Iba
a decir que me da igual. –Respondí caminando al lado contrario de donde él estaba.
-Tuve
que haber preguntado si preferías arriba o abajo… -Con una sonrisa en la cara
le tiré un almohadón en la cara y me senté. –Eso no responde a mi pregunta…
-Me
estoy por arrepentir… -Le respondí mientras me acostaba lo más separada de él
posible.
-Pensé
que ya estabas arrepentida desde el momento en que me dijiste que sí. –Ese
comentario me hizo reír genuinamente. Luego me di media vuelta y me preparé
para dormir. -¿Ya te vas a dormir?
-Supongo.
–Le dije aún con los ojos cerrados. No se si darle la espalda era buena idea,
pero seguramente era mejor que dormir enfrentados, con su cara a centímetros de
la mía.
-¿Sin
hablar ni nada?
-Okey.
–Dije en un suspiro. -¿De qué querés hablar?
-De
qué tan bien te verías en un traje de conejita playboy. –Respondió en una voz
ronca.
-Averigüémoslo
en Halloween. –Respondí aún sin voltear. Él había apagado la televisión y
estábamos en oscuridad completa.
-¿En
cerio? –Preguntó esperanzado.
-No.
–Respondí riendo.
-Darme
falsas expectativas es cruel. –Hubo un momento de silencio en el que me dediqué
a mirar por la ventana como las ramas de un árbol se movían al vaivén del
viento. -¿Puedo hacerte una pregunta? Pero una seria. –Dijo en un suspiro.
¿Pregunta seria? ¿De qué está hablando?
-Okey.
–Respondí algo asustada e impaciente por lo que quería preguntar.
-Hoy
más temprano, cuando sonreíste luego de haber estado mal… -Comenzó a decir.
-¿Qué
hay con eso? –Pregunté recordando el momento y entristeciéndome de vuelta.
-¿Por
qué? –Preguntó finalmente.
-¿Por
qué que? –Dije aún sin mirarlo.
-¿Por
qué lo hacés? –Insistió. Esperé unos segundos antes de contestar, meditando mi
respuesta.
-Ya
me habías preguntado eso.
-Y
no me habías respondido. –Nuevamente me tardé unos segundos en responder, pero
esta vez porque no sabía la respuesta con exactitud.
-No
lo se. Supongo que si luzco feliz por fuera, finalmente pueda sentirme feliz
por dentro. –Él emitió una pequeña risa, y finalmente me volteé a verlo. Lo
tenía más cerca de lo que imaginé. La poca luz que se colaba por la ventana le
hacía sombra en varias partes de la cara, y hacía resaltar sus hermosos ojos
celestes. -¿Qué es tan gracioso? –Pretendía sonar molesta, pero la armonía de
su cara me tranquilizó enormemente.
-Lo
que dijiste. No va a funcionar. –Aseguró con una sonrisa decaída.
-¿Y
vos que sabés? –Presentía que había algo por lo que me lo decía.
-¿No
podés solamente confiar en mí y ya? –Preguntó de la misma manera. Negué
levemente, mientras seguía con mis ojos clavados en los suyos. –Experiencia
propia. –Respondió finalmente. Tenía la mirada perdida y algo apagada.
-Quiero
saber. –Insistí. A veces era malo ser tan curiosa, pero no puede dejarme la
historia por la mitad. Un minuto entero pasó antes de que se decidiera a
hablar. Probablemente se debatía internamente si contarme o no.
-¿Nunca
te preguntaste que pasó con mi padre? –Habló finalmente. Asentí levemente.
-Creí
que tus padres se habían divorciado. –Respondí, ahora dándome cuenta que estaba
claramente errónea.
-Mi
padre murió hace tres años en un accidente de auto. –Dijo, conforme una lágrima
caía de sus ojos. No se nada, pero ver a un hombre llorar debe de ser peor
incluso que ver a tu madre llorar. Cuando los hombres lloran sabés que es por
algo genuino, que de verdad les duele algo, o están tristes, y es lo peor que
te pueda pasar en la vida verlo. –Al principio no hacía más que sonreír.
Mostrarle a la gente que no deberían de preocuparse por mí. Creía que si
sonreía, finalmente iba a terminar superándolo. Pero finalmente entendí que no
lo iba a superar, ni quería hacerlo. Esconder mis emociones respecto al tema
solo incrementa el dolor. Porque no lo compartiría con nadie, y tendría que
lidiar con ellas por mí mismo. Sin embargo, si hablaba sobre eso, ya iba a
haber otra persona que me ayudara a lidiar con esas emociones, y no recaería
todo el peso sobre mí. Creeme, hace medio año ni siquiera consideraría la
opción de contarte esto. Pero siempre que le hablo a alguien sobre esto, es
como si me sacara un peso de en cima. Incluso si a esa persona no le importara.
Hablar sobre ello me hacía sentir mejor. –No sabía que decir, o que hacer. Pasé
el siguiente minuto mirándolo fijamente, tratando de averiguar como reaccionar.
–Por favor no me mires así.
-¿Así
como? –Pregunté sin dejar de mirarlo.
-Con
lástima.
-No
te miro con lástima. –Respondí segura. –Te miro con admiración. –Él sonrió.
-Apuesto
que a esta altura hubieras preferido seguir con el tema de el disfraz de
conejita playboy. –Emití una pequeña risa.
-Me
siento una pajera llorando porque mi hermano me dijo que desearía tener otra
hermana que no fuera yo, cuando hay problemas más importantes que una boludez
como esa. –Dije con una pequeña risa apagada.
-Estoy
seguro de que Liam solo se dejó llevar por la rabia. –Me encogí de hombros
mientras las lágrimas amenazaban con formar parte de la conversación. –Ah, no.
No te me pongas a llorar, por favor.
-Eso
definitivamente va a impedir que llore… -Respondí sarcásticamente, emitiendo
una pequeña risa que retenía mis lágrimas. -En cerio, sos el peor consolador
del mundo. –Dije riendo.
-Depende
de a que te refieras con la palabra “consolador”, porque si utilizás la versión
pervertida de la palabra, mi consolador es un excelente consolador. –De repente
ya estaba riendo a carcajadas.
-Me
das asco, te juro. –Dije a la mitad de mi risa.
-Si,
pero mis obscenidades te hacen re
ír.
Me
quedé observándolo. Sus ojos, que ahora gracias al momento emotivo, se veían
más brillantes que lo usual, y con la luz de luna que se colaba por la ventana
hacían que resalten en toda la habitación. Su pequeña nariz, su sonrisa triste,
pero lo suficientemente animada como para no deprimirme a mí.
Traté
de nublar mis pensamientos sobre lo lindo que era Louis, pero solo logré
desviarlos hacia todo el problema con Liam. Al menos había solucionado el
problema con Harry. Pero lo de él no fue tan malo. Me dice perra y puta
prácticamente todos los días, y tenía sus razones. Pero con lo que me dijo Liam
se pasó. Se que yo la cagué, pero decirme que odia tenerme de hermana, eso
duele.
Comencé
a sentir angustia en el pecho, y se me hizo un nudo en la garganta conforme
recordaba las palabras que me había dicho esta mañana. Traté de no llorar, pero
las lágrimas salieron sin preámbulos.
Louis
me acercó a él y me abrazó, mientras yo me sentía una estúpida al no poder
controlar mis lágrimas.
-Estoy
seguro de que Liam no lo siente de verdad. –Simplemente me acurruqué en su
pecho mientras sollozaba incontrolablemente. –Cualquiera desearía ser tu
hermano. Cualquiera menos yo, claro. Porque si fuera tu hermano no podría hacer
esto… -En seguida me dio un corto beso en los labios, e instantáneamente me
hizo sonreír. –Mierda, verdaderamente voy a ir al infierno por esto.
–Nuevamente reí.
-Al
segundo círculo, si. –Respondí sin pensarlo, con los ojos cerrados, y
descansando sobre su pecho.
-¿Qué?
–Preguntó con un deje de diversión en su voz.
-En
la Divina Comedia, Dante afirmaba que habían nueve círculos en el infierno. El
segundo es el de los lujuriosos. –Respondí inconscientemente. Sabía que a él no
le importaba, pero me distraía hablarle de Literatura. Es una escusa para no
pensar en todo.
-Claro
que sí. –Respondió acariciándome el cabello.
-Lo
lamento, me distrae hablar de otra cosa.
-No
hay problema.
Finalmente
me quedé profundamente dormida, mientras Louis me acariciaba el cabello. ¿Cómo
es posible que hayamos empezado la noche de una manera totalmente diferente a
la que la terminamos?
Unos
pasos resonaron en el pasillo logrando despertarme. Parecían tacones. Una
puerta se abre y se escucha alguien llamando a Anna. Era la voz de una mujer.
Finalmente me doy cuenta que estoy abrazando a Louis por la cintura. Saco mi
brazo y trato de moverlo para que esa sensación cosquilleante de cuando se te
duerme alguna parte del cuerpo se duerme, desaparezca. Los pasos volvieron a
escucharse.
-Louis,
¿dónde está tu hermana? –Se escuchó segundos antes de que alguien abriera la
puerta. Rápidamente atiné a hacer lo primero que se me vino a la mente, tirarme
al piso y esconderme debajo de la cama. Lo último que quiero es que la madre de
Louis me encuentre durmiendo con él… -¿Louis? –Vi sus zapatos avanzar hasta la
cama y despertar a Louis mediante la técnica de destaparlo. -¡Louis! –Exclamó
una vez que el chico se había levantado. -¡Vas a llegar tarde a clases! ¿Dónde
esta tu hermana? –Insistió, pero no recibió respuesta por parte del castaño,
quien seguramente se estaba desperezando. -¿Durmió contigo?
-¿Qué?
No. –Respondió en un bostezo.
-¿Y
a quién buscas desesperadamente? –Respondió la señora J.
-No,
a nadie. –Respondió con voz ronca.
-Llego
tarde al trabajo. –Dijo caminando de vuelta a la puerta. –Levantate ahora. –Y
luego desapareció cerrando la puerta a su paso.
Traté
de levantarme, pero mi cerebro no funciona muy bien en las mañanas, así que
terminé golpeándome la cabeza contra la madera de debajo de la cama, captando
la atención de Louis, quien miró hacia abajo con una sonrisa en la cara.
-No
te quiero escuchar decir una sola palabra. –Dije saliendo de debajo de la cama
y sobándome la cabeza, donde me había golpeado.
Él
trató de no reír, pero no lo logró. Me acosté de vuelta en la cama, y él se
acostó a mi lado. Mi teléfono comenzó a sonar.
-Pasame
mi celular. –Le pedí a Louis, ya que mi celular estaba en la mesa de noche de
su lado de la cama. Hizo un intento de agarrarlo, pero con suerte estiró el
brazo.
-No
llego. –Respondió, volviendo a dormir.
Pasé
sobre su cuerpo hasta llegar a mi celular y lo atendí antes de que la persona
que llamaba cortara.
-¿Hola? –Respondí,
tratando de volver a mi lugar, pero Louis me tenía atrapada con sus brazos, lo
que me dejaba parcialmente sobre él.
-¿_______ Payne?
–Preguntaron del otro lado de la línea. Me pareció algo raro que me hablaran
así.
-Si, soy yo. –Respondí
dudosa.
-Si, mirá, te llamo del
colegio. El inspector Raynolds viene de improvisto hoy, y estamos llamando a
todos los alumnos para avisarles de que tienen que usar el uniforme.
–Respondió, ahora sabía, la secretaria del colegio.
-¿Hoy? –Pregunté. Aún
seguía adormilada y me costaba unir las piezas dentro de mi cabeza.
-Si. Hoy. –Respondió seca,
claramente queriendo que la conversación termine. –No se olvide de avisarle a
su hermano. –Lo que me faltaba era recordar a Liam. Cerré los ojos con fuerza
mientras aún seguía recostada en el pecho de Louis. Ya había renunciado a
luchar para volver a mi posición anterior hace un rato largo.
-Claro. Yo le aviso.
–Respondí en un suspiro. –Me estoy quedando en lo de Louis y Anna Tomlinson,
así que les aviso a ellos también.
-Estupendo. Chau. –Se
despidió. Se escuchaba estresada y apurada a la vez.
-Chau. –Respondí, pero ya
había cortado el teléfono.
Me
escudé en el pecho de Louis y me desahogué con un pequeño grito, dejando la
frustración salir.
-¿Todo
en órden? –Preguntó al notar mi mal humor.
-Es
día del uniforme, y no tengo el uniforme, y tu mano está descaradamente sobre
mi culo. Así que no, no está bien. –Exclamé frustrada. Él inmediatamente retiró
ambas manos y me dejó volver a mi lado de la cama, en el cual no permanecí ni
tres segundos.
-¿Día
del uniforme? ¿Qué? –Preguntó mientras se sentaba en la cama y se desperezaba.
-Una
vez al año, o como máximo dos, viene el Inspector al colegio. Y se supone que
deberíamos usar uniforme todos los días, pero hace como cinco años que se viene
haciendo esto, a petición de los alumnos, que dicta que solamente usamos
uniforme cuando visita el Inspector, y fingimos que somos gente educada y
formal, así se cree que en verdad lo usamos todos los días, como en verdad
deberíamos. –Hablé rápido, calculando mentalmente cuánto tiempo me queda para
conseguir un uniforme y prepararme para el colegio. Pero considerando que hoy
entro a tercera, me tranquilicé.
-¿Y
el pibe no pasa por en frente al colegio y se da cuenta que nadie usa uniforme?
–Preguntó fregando sus ojos.
-Vive
en Escocia. –Respondí mientras buscaba a Alison entre mis contactos. –Así que
no, no pasa por en frente al colegio y los ve a todos sin uniforme. –Llamé a
Alison mientras caminaba de un lado a otro de la habitación.
El
día del uniforme es más estresante de lo que se imaginan. Se necesita un compromiso
de todos los alumnos del colegio, y hay que estar impecablemente pulcros. El
mínimo detalle sale mal, y el viejo se da cuenta de la farsa, y vamos a tener
que verdaderamente usar el uniforme todos los días. Y nadie quiere eso.
Entonces una vez al año la gente se comporta educadamente para causar al
Inspector una buena impresión.
Alison
respondió prácticamente antes de que empezara a sonar.
-Es día del uniforme.
–Habló casi al instante. -¿Qué vamos a hacer?
-Okey, calmate. ¿Annie no
tiene un uniforme? –Escuché como le preguntaba a Anna si tenía uniforme, y ésta
le respondía que sí.
-Dice que está en su
ropero. Pero da igual, no hay tiempo de ir a buscarlo. –Exclamó notablemente
estresada.
-Que Annie use mi
uniforme, y yo uso el de ella. Problema resuelto. –Respondí, finalmente dejando
de caminar en círculos, como si el continuo movimiento me ayudara en algo.
-Yo pude haber pensado en
eso. –Respondió algo consternada.
-Pero no lo hiciste. Vayan
a arreglarse, nos vemos en el colegio. –Y corté.
-Anna
tiene un uniforme, así que vos debés de tener uno también.
–Afirmé mirando a Louis, quien seguía sentado en la cama mirándome fijamente.
-Si,
supongo. Creo que compramos uno, pero pensé que nunca lo íbamos a usar.
-¡Andá
a prepararte! –Le grité antes de salir de la habitación rumbo a la de Annie.
Comencé
alisando mi pelo, y luego tardé otros ocho minutos buscando el bendito uniforme
de Anna, que estaba en el lugar más recóndito de su ropero de mierda. Me puse
la pollera, que era a cuadros rojos y negros muy pequeños, casi invisibles, y
tableada. Era como un microscópico estampado escocés, solo que en otros
colores. Al Inspector nunca le importó el largo de la falda, mientras tapara lo
necesario, así que la llevaba moderadamente corta. Y a continuación me puse la
camisa, simple y blanca. Antes de abrochármela, decidí ir a ver como iba Louis
con el tema del uniforme. De seguro se quedó echado mirando televisión.
-¿Cómo
vas? –Pregunté al entrar en su cuarto, sin reparar que aún no abrochaba mi
camisa.
-Ahora
mucho mejor. –Respondió con una sonrisa impregnada en la cara, mientras me
analizaba el cuerpo entero.
Él
estaba desastroso. Los pantalones color beige con corte jean se le caían,
dejando ver su ropa interior, la camisa mal abotonada, y por fuera del
pantalón, y el pelo hecho un asco.
Desabroché
su camisa blanca, como la mía, y la volví a abrochar correctamente, hasta el último botón.
-¿Me
querés ahorcar o qué? –Preguntó, quejándose de que haya abotonado hasta arriba
su camisa.
-Debo
confesar que la idea se cruzó por mi mente un par de veces. –Respondí con el
semblante serio. -Cinturón. –Exigí parándome frente a él, con la mirada fija.
-No
uso cinturón. –Respondió con las manos en los bolsillos, haciendo una mueca con
la cara.
-No
te pregunté, te lo exigí. –Caminó arrastrando los pies hasta un cajón, y tras
abrirlo sacó un cinturón marrón de cuero, prácticamente sin uso. Le faltaba la
etiqueta para confirmar que era completamente nuevo.
Desabroché
su pantalón y pasé el cinturón por las hendiduras del mismo, para luego meter
su camisa dentro del pantalón, y finalmente abrocharlo.
-Parezco
un estúpido. –Dijo mirándose al espejo.
-Aw,
no, cariño. Sos un estúpido. –Sonreí mientras sacaba de la bolsa, donde calculo
antes estaba el uniforme, la corbata color rojo oscuro. Odio esa cosa. Las
mujeres también tienen que usarla. Es asquerosamente repulsiva.
-Ni
en pedo uso corbata. –Dijo cruzándose de brazos, y negando reiteradas veces con
la cabeza.
-O
te la bancás todo un día, o nos sentenciás a todos a usarla durante el resto de
nuestra existencia. –Hablé pasando la corbata por su cuello y acercándolo a mí.
-Te
ves sexy obligándome a hacer cosas. –Dijo con una sonrisa mientras me agarraba
de la cintura. –Es eso, o que puedo ver tu bra. –Emití una pequeña risa mientras
pasaba la corbata correctamente por debajo del cuello de la camisa, y la ataba.
Siempre fui buena haciendo el nudo de corbatas. Siempre se lo hago a mi padre,
y a Liam… -¿Tiene que estar tan ajustada? ¿No puede estar un poco más suelta?
-¿Tenés
que ser tan insoportable? ¿No podés dejar de protestar por todo? –Contesté en
el mismo tono de voz.
Cuando
finalmente terminé con su corbata, me escabullí de entre sus brazos y volví a
la habitación de Anna para terminar de arreglarme yo. Me abotoné la camisa
hasta arriba, y me puse la corbata, tal como había hecho con Louis. Me puse las
medias largas rojo oscuro, el mismo de la corbata y la falda, un poco más debajo
de las rodillas, y unos zapatos Oxford color negro.
Una
vez lista, me puse una vincha (diadema, o como sea que le digan en su país) en
la cabeza color negro, que encontré tirada en el fondo del buró de Anna. Hacía
un gran contraste con mi pelo castaño claro. Quedaba linda.
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Chiquilinas, no saben el bloqueo mental que tenía. Tipo no me salía escribir. Y es estúpido, porque entre ayer y hoy me escribí todo el capítulo. Suerte que me desbloqueé. Discúlpenme, me dio un bloqueo pos final de clases, o algo así. Pero ahora ta está todo bien. Se que no está tan bueno el capítulo, acabo de salir de un bloqueo, era medio obvio, pero bueno. En fin, les diría "ojalá que les guste", pero es una chota. Creo que sigo algo bloqueada. Así que solo voy a decir "Ojalá que no me quieran matar" :)
Las amo a todas, sépanlo.
Juuu :)